agosto 21, 2020

El Ermitaño de las Cremas Humectantes: Parte II

          Mauro Rivas era afamado dermatologo del partido de Torquist, lugar en el cual desarrollaba sus tratamientos con cremas humectantes. Susceptible a las energías misteriosas que emanaba aquel lugar, siempre estaba en busca de los indicios que lo condujeran a la profundización de su terapia medicinal con cremas a base de hierbas. 
          Una noche en su casa de campo vio como una especie de neblina multicolor que acaparaba el entorno y en el horizonte vislumbro tres figuras humanoides que se dirigían a él, cubierto sus cuerpos con lo que parecerían ser pieles de animales. Rivas quedo estupefacto contemplando la orquestal nebulosa de colores que rodeaba a aquellos tipos y cuando los tuvo frente a frente uno de ellos se acerco a  su oídos y le susurro unas palabras en una extraña lengua que nunca olvidara. Enloqueció instantáneamente y salio corriendo despavorido gritando incongruencias propias de la demencia. El resto de su vida la llevaría retirado en una cueva perdida en las profundidades del monte como un ermitaño.

junio 24, 2020

Comienzo del Advenimiento: Parte II

          La obscuridad era impenetrable en las profundidades de aquellas cámaras subterráneas y Ulloa sabia que la demencia era hija de la soledad. Los gritos desgarradores que se oían a lo lejos daban cuenta de que permanecer bajo tierra no tenia porvenir, los caníbales humanoides desnutridos por la soledad rondaban los pasillos en busca de su presa. ‘’Estoy solo’’ se dijo, ‘’Tengo que salir cuanto antes’’, y en medio de la fétida obscuridad cloacal trato de recordar cual era el camino a la salida. Tomo un pasillo, luego otro y otro, parecía girar en círculos pero sabia que no estaba lejos y la luz no tardo en llegar.
          Tardo un lapso a que sus ojos se acostumbren a la luz del día, ya que llevaba mucho tiempo viendo las paredes inhumanas de las cloacas, su piel se empezó a irritar y pensó lo peor, pero con el paso de las horas se dio cuenta que era por la falta de costumbre de luz solar. Camino sin rumbo, contemplando la devastación a su alrededor y sin poder ver ningún atisbo de vida, se pregunto si podría encontrar algún refugio ya que la noche se le venia encima. Paso delante de lo que paresia ser una fabrica abandonada y vio una silueta moverse. Observo que era una persona buscando entre repisas de algún viejo taller y se acerco con cautela para saber si su avistado era hostil. Parecía una persona normal y fue a su encuentro.
          –¿Hola? –dijo con cierta cautela. Su interlocutor se dio vuelta con atención.
          –Hola –asintió observando con sorpresa y preocupación a aquel personaje desgastado por el aislamiento mientras se limpiaba la grasa de las manos–. ¿Se encuentra bien?, parece herido
          –Estuve mucho tiempo bajo tierra. No se que decirle. –exclamo con dificultad y desorientación mientras examinaba a Kostoff y el lugar con cautela.
          –Entiendo exclamo Kostoff dándose cuenta de que aquel sujeto no tenia noción alguna de los acontecimientos de la superficie. Venga con migo, puedo ofrecerle un lugar de descanso. Aquí no es seguro.
          En aquel momento emprendieron el viaje hacías la casa de Kostoff que se encontraba lejos de aquel lugar, sin embargo, este andaba en su motocicleta y aprovecho el viaje para contarle lo que sabia.
          –Soy Kostoff, Ignacio. –se presento–. Usted…
          –Ulloa –dijo apresuradamente sin dejar a este terminar su frase. Hizo un silencio para dejar que su interlocutor continué–.
          –¿Cuanto tiempo estuvo en las profundidades?
          –No tengo noción del tiempo, quizás meses, quizás años –se quedo pensativo y al ver que Kostoff no decía nada, inmediatamente dijo–. Dígame, ¿cuales es el peligro al que nos enfrentamos? –se hizo un silencio y Kostoff respondió con seguridad–.
          –Mire, le voy a decir algo. Aquí nada es como lo era antes. Valla mirando bien a su alrededor. Los animales son hostiles, hay sobrevivientes que ya no responden como humanos y algunas zonas de la ciudad ya no tienen acceso.
          Ulloa sintió una leve desesperanza por sus palabras y quedo pensando que quizá nunca vuelva a ver a sus colegas, luego desorientado dijo.
          –¿Porque hace tanto frio? –Kostoff suspiro sin saber que responder y dijo con cierta improvisación–.
          –Prepárese, se viene una noche larga.
          Atestado de preguntas que exigen respuestas, Ulloa sabia que no las iba a encontrar en ese momento así que decidió esperar hasta que el tiempo devele sus misterios.


junio 22, 2020

Comienzo del Advenimiento

          Terminando su cigarrillo, Kostoff, con una mirada meditativa, mientras observaba la ventana de su apartamento, apenas oía el balbuceo emitido por su radio. Si hubiera prestado atención, se habría enterado del avistamiento de extrañas entidades en Villa Iris y Jacinto Arauz. Sin embargo, escuchar LU2 no era precisamente lo que más lo entusiasmaba. "Hay que obrar" pensó, y súbitamente se levantó para apagar la radio. Se vistió con rapidez, colocando el casco de motociclista en su brazo.  La puerta se dejo cerrar discretamente. Ahora, el silencio del vacío apartamento sólo era perturbado por el goteo de una canilla en el lavabo.